Embarazo

Un resumen de mi embarazo

A la vuelta de la luna de miel, pedí cita en mi médico de cabecera para contarle la buena nueva y que me indicase cómo proceder. La verdad es que me esperaba que me hicieran una prueba de embarazo allí, pero no, confió en mi palabra. De allí salí con cita para la matrona, para la ginecóloga y para la endocrina (ya que padezco hipotiroidismo autoinmune).

En esas primeras semanas, ya arrastraba síntomas evidentes de embarazo: Esos pequeños tironcitos en la ingle que empecé a notar durante el viaje, se intensificaron hasta ser un calambre en toda regla, los olores fuertes me revolvían el estómago, sentía náuseas matutinas, vespertinas…y algunas veces nocturnas que se intensificaban más si tenía hambre, vivía en una continua sensación de “mareo de coche” y además tenía sueño a todas horas, vamos, lo normal.

Yo no tenía seguro de salud privado por aquel entonces, por lo que llevé el embarazo por la Seguridad Social, así que no me hice ninguna ecografía hasta las 12 semanas de embarazo. Esto se tradujo en que yo era una paranoica, estaba cada dos por tres pensando en todo lo que podía salir mal, en que igual me hacían la eco y no había nada, o que lo mismo el embrión no estaba donde debía, o… mil historias.

Llegó el día de la primera ecografía. Recuerdo que iba tremendamente nerviosa, tanto que tenía calambres en la barriga. Me tumbé en la camilla, me pusieron el ecógrafo y silencio sepulcral, la pantalla girada hacia el médico. Yo que no me atrevía ni a respirar, miraba fijamente la cara de mi recién estrenado marido en busca de información y, por fin, me sonrió. Al poco, el médico dijo un escueto “todo está bien” y giró la pantalla unos dos minutos (si llegó) para que lo viera. Más borde no podía ser el buen señor.

El mismo día me sacaron sangre para hacer el triple screening (cribado para conocer las probabilidades que hay de que el feto sufra alguna anomalía cromosómica). A los pocos días nos dijeron que teníamos el riesgo bajo, así que todo bien.

Comenzó el segundo trimestre y con él llegó un síntoma nuevo, los mareos , o como cariñosamente los llamo yo, el fundido a negro. Pues sí, me empezaba a agobiar, me daba mucho calor y si no me sentaba o tumbaba rápido, desmayo al canto. Sólo tuve un par de ellos fuertes, ambos en el metro, pero conseguí no perder la conciencia, aunque faltó poco. A cambio, desaparecieron todos los demás. Me encontraba muy bien.

La ecografía de las 20 semanas no fue nada agradable para mí pese a que tanto mi bebé como yo estábamos perfectas. El personal que me atendió me hizo sentir muy mal, ya os lo contaré en otra entrada. Fue en esta ecografía en la que nos confirmaron que era una niña.

Desde la mitad del segundo trimestre y prácticamente todo el tercero, no tuve casi síntomas, aunque empecé a desvelarme por las noches. Ya estaba mucho más tranquila porque notaba a la niña y eso me hacía confiar en que todo iba bien. Todas las pruebas que corresponden a este trimestre salieron bien, a excepción de que tuve un poco de anemia que se solucionó enseguida con un suplemento de hierro.

La verdad es que tuve un embarazo muy bueno, al menos a partir del segundo trimestre, o al menos no tengo mal recuerdo de él. Me puse de parto de 40+3 de forma espontánea y no se me hizo larga la espera.

Hasta aquí mi embarazo, si quieres saber cómo fue mi parto, sigue atento a las entradas del blog!

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