Embarazo

Mi experiencia en el hospital Clínico San Carlos o por qué me cambié de hospital.

Esta es una entrada que puede no gustar a todo el mundo, puede que incluso alguien se sienta ofendido. Esta es la historia de cómo viví los primeros meses de embarazo y cómo me hicieron sentir ciertos profesionales sanitarios.

El Hospital Clínico San Carlos es uno de los hospitales públicos de Madrid, situado en el corazón de la ciudad, muy cerca de Moncloa. Cuando me quedé embarazada era mi hospital de referencia, por lo que empecé a llevar allí mi embarazo.

La consulta con la ginecóloga me correspondía en otro centro que pertenece a este hospital pero que se encuentra en la Avenida de Portugal. La primera vez que fui, a parte de esperar durante bastante tiempo, la consulta fue más o menos normal. La ginecóloga algo seria, pero vaya, nada fuera de lo común. La consulta en sí nos decepcionó un poco porque lo único que hicieron fue pesarme, tomarme la tensión y hacerme unas preguntas (decepcionante porque era exactamente lo mismo que habíamos hecho con la matrona unos días antes, vamos, que podrían compartir datos, digo yo…)

Llegó la ecografía de las 12 semanas. Ilusión, nervios… ya sabéis. Llegamos al hospital, esta vez al grande, y ya empezamos a notar que allí la amabilidad brilla por su ausencia. Entramos a la consulta y “ni buenos días”, sólo órdenes: “túmbate, súbete la camiseta y baja un poco el pantalón”. Vale, obedezco.

No hace falta que seas la alegría de la huerta, pero vamos a ver, que estás tratando con unos padres que en realidad no saben nada. No saben si hay bebé, en caso de que lo haya no saben si está bien y, en cualquier caso, es la primera vez que van a verle y a ser conscientes de lo que está pasando, qué menos que una sonrisa, o una palabra amable… pues no. Allí lo único que dijo es “Ahora lo giro para que lo veas” “Éstá todo bien” “Ya os podéis ir, saldrá alguien a daros la próxima cita”.

Total que salimos de allí pensando que el médico era un borde pero muy contentos porque estaba todo bien y habíamos visto a nuestro bombón.

La siguiente visita con la ginecóloga fue de nuevo decepcionante. Ya que en la ecografía no nos habían contado nada, íbamos con la idea de que algún dato más nos darían en la consulta… no te pueden decir mucho, pero bueno, explicar al menos qué significa lo que pone en el papel. Pues tampoco, otra vez que estaba todo bien y ya está, que no había nada que contar. Me pesó y me tomó la tensión (como hacía la matrona…).

y llegamos a la semana 20, que fue el punto de inflexión. Llegamos a la ecografía, está vez conscientes de que es una ecografía importante, que el médico necesita silencio y concentración, que será la más larga de las ecografías y que el médico es borde (qué le vamos a hacer, cada uno es como es).

Esta vez me pidieron de bastante malas maneras que me desnudase de cintura para abajo. Nadie me lo había dicho pero imaginé que me harían ecografía vaginal porque si no…para qué me iban a pedir que me desnudase. Empezó la prueba con ecografía abdominal. Yo intenté estar tranquila, pensando que iba a tardar, pero no tardó. No llegó a 5 minutos. Al final a mi chico, que estaba todo ilusionado le dio por preguntar “¿Eso es el fémur?” y. vale que el médico necesita silencio y concentración, que igual mi chico no debía haber hablado, pero lo mismo dio, el resultado fue silencio total. Al terminar giró la pantalla un momento sin explicarnos nada (en la ecografía de las 20 semanas ya no se ve tan claro qué es cada cosa) y dijo que me iba a hacer la vaginal para medir el cuello del útero (única vez que este señor explicó algo).

Al terminar, mismo resultado que la vez anterior: “Todo bien” “Esperen fuera”, con un pequeño cambio, nos dijo que era una niña, bueno, una mujer, para ser exactos.

A mi la situación me violentó bastante, lo primero porque el trato era totalmente deshumanizado y segundo porque nos fuimos de allí con la sensación de que éramos un número y poco importaba en realidad si nosotros o nuestra hija estábamos bien.

La siguiente consulta en ginecología fue la gota que colmó el vaso. A esta consulta mi marido no pudo venir y fui con mi madre. La primera cosa que me pareció rara es que en lugar de mandarme el test O´Sullivan para comprobar mis niveles de glucosa en sangre (curva corta), me mandaron a hacerme directamente la larga… con dieta previa de cuatro días, carga de glucosa más grande, duración de tres horas y vía incluida.

Lo siguiente fue que mi madre, viendo que tampoco nos decían nada sobre la ecografía, preguntó si se sabía cómo era de grande, lo que medía y lo que pesaba. Y aquí la ginecóloga se cubrió de gloria porque soltó: “Como todavía no es viable, ni siquiera se les mide” y lo quiso arreglar con un “Bueno, como es niña debe pesar unos 300 gramos”. Claro, mi cara y la de mi madre debió ser un poema.

Al salir de la consulta hablé con dos buenas amigas. ambas matronas, para que me dieran su punto de vista sobre cómo estaban llevando mi embarazo. Su respuesta fue clara: “No entendemos que te hayan mandado esa prueba sin motivo”.

Yo llevaba tiempo pensando en el día del parto, en la atención que me gustaría recibir. Sabía que no me estaba gustando la atención en el Clínico y no quería arriesgarme a que el día del parto fuera parecido, Así que la decisión estaba tomada. Tenía que cambiar de hospital cuanto antes.

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