Crianza

El Colecho: Nuestra experiencia

Hasta que no empecé a aficionarme al mundo de la maternidad, no empecé a escuchar el término “colecho”( o como todos lo conocemos “dormir en la cama con papá y mamá”). Nunca había sido un tema en el que hubiera pensado, simplemente daba por hecho que los bebés duermen en la cuna.

En mi círculo, lo más extendido era eso. El bebé en la cuna. Además, lo que más se escuchaba era que el bebé se acostumbraba a dormir en la cama y ya nunca querría dormir solo.

A parte, durante el embarazo leí bastantes libros de maternidad y me fui inclinando hacia los autores que optan por criar a los hijos desde el apego. Éstos, si bien no terminan de decir que una forma de dormir sea peor que la otra, suelen hablar de las bondades del colecho y a mi me empezaban a entrar ganas de no separarme de mi bebé.

Cuando llegó el momento de preparar las cosas para la llegada de Ada, decidimos comprar una cuna. No sabíamos cómo iba a ser nada, pero pensábamos que la cuna era algo imprescindible ante la llegada de un recién nacido, aun así, decidimos colocarla como cuna de colecho para tener, pensábamos, lo mejor de ambas opciones. Nos hicimos además con un nido que pretendíamos utilizar como reductor de cuna, ya que no compramos minicuna ni moisés.

Y entonces llegó Ada, como no, para poner patas arriba todos nuestros planes.

Ya os he hablado de lo difíciles que fueron las primeras noches. Cuando conseguíamos que Ada se durmiera, la poníamos en su nido dentro de la cuna y a escasos 20 cm de mi. Por aquel entonces, la lactancia estaba en su peor momento y no era capaz de dar de mamar en otra postura que no fuera sentada, así que en cada toma tenía que levantarme y, por tanto coger a la bebé, despertarla…

Poco a poco, reconducimos la lactancia y aprendí a adoptar diferentes posturas según me conviniera en ese momento. Así fue como llegamos a dar el pecho tumbadas. Fue entonces cuando descubrimos que las tomas de la noche podían pasar casi desapercibidas, con un bebé que casi no lloraba, que no llegaba a despertarse y con una mamá mucho más descansada porque tampoco tenía que levantarse.

Así que muy pronto, igual con un mes o menos, Ada abandonó su cuna para no volver (al menos de momento).

14 meses después de aquello seguimos compartiendo cama. Para nosotros ha sido la opción más cómoda y nos hemos acostumbrado tanto a dormir los tres juntos que el día que alguno no está, no dormimos del todo bien. Algunas noches Ada ha utilizado la cuna, pero siempre termina en nuestra cama.

No sabemos cuanto tiempo durará, quizá la lactancia y el colecho vayan de la mano y mientras uno se mantenga, el otro también. ¡Ya os contaré!

El colecho es seguro si se toman una serie de medidas (la mayoría de sentido común). Algunas son: no ser fumadores, no padecer una obesidad importante, no consumir alcohol ni drogas… Podéis encontrar fácilmente estos consejos si buscáis en la web. 

Y vosotros ¿Dormís con vuestros peques? ¿Qué opináis sobre el tema?

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